viernes, noviembre 23, 2007

Café de achicoria y saltaparapetos



La cara pegada contra la tierra mojada de la humedad de una noche que no quiere nunca llegar. Un barro fino y frío. Sólo puedes escuchar tu respiración agitada entre el tableteo de las ametralladoras. "No voy a salir de ésta" piensas justo antes de que un mortero lo sacuda todo a tu alrededor. Te encoges súbitamente y te parece que tu corazón se detiene un momento. Lo justo para que resucite con fuerza bombeando la sangre a tus orejas, tus sienes...Tu respiración que se te antoja ruidosa vuelve. El olor a cordita que lo impregna todo te produce arcadas. Tienes miedo. Pánico. Tiemblas. No quieres levantar la cabeza. Has visto caer a muchos a tu lado a los que ni siquiera les dio tiempo a gritar cuando una bala silenciosa les atraviesa sin avisar. Ya no quedáis demasiados en las trincheras. Habéis retrocedido a la segunda linea. Has podido ver como los moros se acercaban reptando cubiertos por el fuego de ametralladoras y morteros de la legión. Son muchos y mejores. Ese maldito cerro nos va a costar la vida a todos. Ayer los americanos se batieron como leones... No lo entiendes... ¿Qué diablos debía pasarle por la cabeza a los de las Brigadas Internacionales? Tan lejos de sus casas... ¿Qué pensaría su familia de todo aquello? No estaban aquí de vacaciones y sin embargo pocas veces les faltaba una sonrisa que compartir contigo. Las estaban pasando tan putas como tú mismo. Dando sus vidas. Ayer cayeron tantos... La mañana anterior se lanzaron entre los olivos, sin apenas cobertura, escuchando constantemente el sonido de las balas que silbando, segaban las hojas por encima de sus cabezas, chocando contra los troncos con ese sonido seco que te hacía parpadear de miedo. "Podías haber sido tú" piensas cada vez que oyes una bala incrustarse bajo la corteza. Aún les quedaban doscientos metros de campo abierto hasta las trincheras enemigas bien protegidas... Y no lo dudaron. Un baño de sangre. Algo horrible que ahora ya te parece normal. Sabes que no puedes dejar que pasen. Si nos ganan aquí, luego caerá Madrid. Sacas el máuser por entre dos sacos terreros y disparas dos veces a lo que te ha parecido un enemigo moviéndose allá a lo lejos entre el humo de los morteros y la tierra levantada. No quieres matar a nadie pero qué diablos, esos cabrones te pasarán a cuchillo si llegan hasta aquí. A tu lado, un muchacho que no tendrá más de 20 años, al que te parece haber visto alguna vez allá en el sindicato, en Madrid, llora. Escuchas que llama a su madre entre sollozos y mocos. Respiras profundamente...

- Pst! Eh, chaval... Ven aquí.

Después de dudar un momento y procurando recuperar el temple, el muchacho se acerca hasta ti arrastrándose por la trinchera salpicada de maderos y sacos rotos intentando disimular sus lágrimas.

-Saltaparapetos- le dices con media sonrisa acercándole tu cantimplora. Esa ponzoña de garrafa que quiere ser coñac es lo único que te permite no perder la cabeza en la trinchera o quizá lo que en realidad consigue es darte ese minuto de locura que logra hacer aquello a lo que tu valor se resiste. - ¿De la CNT, verdad? Lo ves asentir con cara de asco mientras intenta tragarse el brebaje. Tú ya has sacado un par de cigarrillos acercándole uno encendido al niño.

- Mira, sé que esto es jodido. Sé que crees que saldremos a lomos de una mula camino del cementerio. Y es posible que sea así. Muy posible. Pero en realidad da igual ¿sabes? Si no morimos hoy, será mañana y si no, moriremos cuando entren en Madrid. Así que es mejor que les demos aquí por culo todo lo que podamos.- Intentas mantener una expresión risueña para hacer creíble todo aquello. Y no deja de ser cierto, pero hace unos minutos estabas igual que él, aunque tus propias palabras consiguen en ti el mismo efecto que sobre el muchacho que aún te mira desconfiado. -¿Cómo te llamas?- le preguntas apurando el cigarro -Jaime Cuesta- te dice ahora algo sonriente mientras te acerca la mano. Os saludáis.- Me llamo Benito Albuera, pero llámame "Caña", por aquí lo hacen todos.

Retumba el disparo de un mortero que ha salido de un viejo horno de yeso que hay detrás vuestro y que cae algo lejano, por detrás de la primera linea fascista. -Mira, ahora sonará un segundo disparo que caerá delante de ellos, ahí en tierra de nadie. A eso lo llaman hacer la "horquilla", no tengo ni idea de qué diablos es ni cómo se hace, pero sirve para calcular un tercer disparo que les tiene que caer encima a esos cabrones.- Suena el segundo mortero que cae a unos treinta metros por delante de un nido de ametralladora. Los dos habéis asomado un poco la cabeza para verlo estallar. Os agacháis y sonreís mientras os miráis. -Nuestro ejército era una puta mierda al principio, con mecánicos y campesinos disparando morteros y obuses no le hubieran dado al mismísimo Franco ni que se les hubiera puesto a dos pasos. Pero parece que últimamente están aprendiendo a hacer las cosas algo mejor. Quizá algo demasiado tarde, pero aún no está perdido. Oye, cuando caiga el siguiente mortero, si tenemos suerte, esos cabrones saldrán corriendo como perros, así que coge ese chopo que tienes al lado y ponle una bala en la recámara. No desperdicies el tiro.- Respiras hondo, te pones de frente, mirando los sacos terreros a unos centímetros de tu nariz. De reojo ves al chaval murmurando algo cogido con fuerza a su fusil. Puedes ver como se acumula la sangre en los dedos mientras intenta controlar su temblor.

Suena el zumbido sordo. El mortero. Sacas la cabeza justo cuando el puesto de la ametralladora rebelde ha saltado por los aires. Te encaramas y apenas logras distinguir algo apuntas y disparas. Otros en tus filas hacen lo propio bajo gritos e insultos. Una ráfaga de ametralladora pasa golpeando los sacos con fuerza a poco más de un palmo bajo tu cabeza. Haces otro disparo y te vuelves a esconder. Con la espalda en la trinchera escuchas los últimos intercambio de disparos... Parece que esto hoy no va a durar mucho más, toca municionarse un día más y a ti te sorprende de nuevo seguir vivo. Comerás tu mísera ración de hoy y te acurrucarás en tu puesto esperando que haya una noche tranquila. Giras la cabeza y el chaval yace mirando al cielo, con los brazos muy abiertos y la cara destrozada por una bala. Te faltan las fuerzas. ¿Cómo se llamaba? ¿Jaime?. Agachas la cabeza, sentado con las manos en el fusil que notas caliente en tu frente. ¿Cuántos muchachos como ese habrán caído hoy? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar? Ya hace tiempo que la idea de dar tu vida por la libertad te parece cada vez más lejana. ¿Cuántas vidas necesita la libertad? ¿Cuál es el sacrificio que tendremos que hacer? Tienes el firme convencimiento de hacer lo correcto pero todo esto está saliendo muy caro y no parece que vaya a terminar pronto. Parece que no va a terminar nunca.

- Mamá, no iré a cenar.

Una lágrima ensucia tu mejilla quizá por última vez. De fondo, los del Lincoln empiezan a hacer sonar los compases de una canción que te costará olvidar.

There's a valley in Spain called Jarama
It's a place that we all know so well;
It was there that we gave of our manhood
Where so many of our brave comrades fell.

We are proud of the Lincoln Battalion
And the fight for Madrid that it made,
There we fought like true sons of the people
As part of the Fifteenth Brigade.

Now we're far from that valley of sorrow,
But its memory we'll never forget,
So before we continue this reunion,
Let us stand to our glorious dead.

There's a valley in Spain called Jarama
It's a place that we all know so well;
It was there that we gave of our manhood
Where so many of our brave comrades fell.




Bajar y escuchar...

2 comentarios:

kancerbero dijo...

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Hay un valle en España llamado Jarama
es un lugar que nosotros conocemos bien.
Fue allí donde dimos nuestra virilidad
y donde cayeron nuestros valientes camaradas.

Estamos orgullosos del Batallón Lincoln
y de la lucha que hizo por Madrid.
Allí luchamos como verdaderos hijos del pueblo
como parte de la Quince Brigada.

Ahora estamos lejos de aquel valle de dolor
pero su memoria nunca olvidaremos;
Así que antes de que continuemos esta reunión
pongámonos en pie por nuestros gloriosos muertos.

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Después de haberse leído uno el libro de Eslava Galán sobre la guerra civil (y cualquier otro libro sobre el tema, porqué no) uno se plantea muchas cosas.
Sirva esto como mínimo homenaje a todos los olvidados.


Demasiado humilde el homenaje, pero no doy para más.

Ligeia dijo...

Además de ser muy triste es que fue un hecho real...

(Gracias por la traducción, que a mi el inglés no se me da ^-^)