miércoles, agosto 23, 2006

El Resumen (jijiji)

La cosa se podría resumir (menos mal) así:

España: Lugares nuevos, bonitos, gente guapa y relax. Mucho relax.
Almería. Cabo de Gata. Bonito parque natural bastante respetado por el hormigón y el asfalto. Rincones dignos de visitar. Tan sólo estuvimos en Agua Amarga. Un lugar al que hace tiempo tenía ganas de acercarme y que parece esconderse entre rocas y desierto.
En las cercanías nos prometieron grandes playas y buenos lugares para la noche, pero las ganas de tranquilidad y lo bien que sientan los cubatas tirao en la arena de la playa te hacen desistir de intentar ir a ningún lado.

Cádiz me decepcionó un poco al compararlo con anteriores visitas. Allí, si quieres encontrar la tranquilidad es un buen lugar. Si vas a los sitios más frecuentados, se empieza a perder ese aire de jipi trasnochado que se respiraba y empieza a oler un poco a Ibiza. Al tiempo. De todas formas allí vi por ejemplo las mejores puestas de luna de toda mi vida como las que se ven desde la Hayma de los Caños o desde la preciosa playa de Bolonia.


- Lus de luna en bolonia -

Pues eso, todo más o menos bien. Tranquilidad combinada con fiesta y baños en la playa.

Día D: Desembarco en Tánger (Marruecos)

Un billete para el Ferry que te lleva a Tánger. Esa es toda la información que teníamos de Marruecos. Ni guías de viaje, ni mapas, ni pollas. Nos habían dicho "tenéis que ver esto", "esto otro os encantará"... pero vaya, que ni zorra de dónde estaba cada cosa, ni cómo llegar allí.
3 guiris en Tánger. Ahora sé cómo se sienten los ingleses y alemanes recién llegados a nuestras tierras. Dios, qué chungo.
Bueno, desembarcamos en Tánger y allí nos vamos con la mochila a cuestas. Ni taxis ni nada, cojones. Que somos españoles, ostia.

Pues después de caminar unos 500 metros y de que nos engañaran varias veces y lo intentaran otras cuantas, decidimos sentarnos. Tiempo muerto. Vamos a comer algo y reflexionamos sobre cómo salir de este puto infierno. Como todo Marruecos sea así ya me estoy cogiendo el Ferry otra vez.

Comemos. Decidimos que tenemos que salir de la ciudad buscando el sur, del que todo el mundo coincide en que la gente es más amable y es más bonito en general. Hay dos colegas que están en Ketama, les llamamos y nos dicen que ellos, en unos días se bajarán al Sur. Podemos encontrarnos con ellos allí, en Fes, por ejemplo. Ala, caminito de la estación de trenes.
Al rato nos llaman los de Ketama y nos dicen que vayamos para allá, que nos invitan en la casa donde están ellos y a una boda que se celebra allí.
Bien, vale, no hay problema. Primer destino Chauen que se ve que está cerca (al menos en el mapa que nos costó 6 eurazos. 60 Dirhams señores. Cabrones. y nos pedían 80...!) y al menos allí nos podemos hinchar a fumar si no queremos hacer nada más.
Al tema.
¿Cómo coño se llega a Chauen?
Preguntamos a varios taxistas y supongo que lo de engañar va con la profesión, con lo que después de que pagar mucho más que lo razonable y algo más que lo caro (aunque a nosotros nos pareciera poco) llegamos a la estación de autobuses.
Atención. Llegó el momento de desconectar de occidente.
Un edificio pequeño, lleno, pero lleno de peña que habla raro y a gritos, todo lleno de esos caminitos de hormigas que parecen ser su manera de escribir las cosas, horarios y en una de las ventanillas, entre mil nombres de sitios más, vemos "Chauen". Coño, parece que es aquí. Nos ponemos con cara de susto a hacer cola ahí mismo. A los dos minutos se acerca un tipo, nos pregunta a dónde vamos, nos saca a la calle, nos dice qué autocar es el que va para allá y nos dice a quién tenemos que comprarle los billetes. Justo lo que había dicho el taxista que teníamos que evitar a toda costa. Genial.
Apenas hemos pagado unos billetes que no sabemos si son falsos o qué, nos meten en un autocar que no sabemos a dónde coño va, pero que tenemos que coger ya porque se va.
A todo esto, descubrimos de golpe, que en Marruecos, por alguna razón mistico-cósmica viven a 2 horas menos que en la península. Pos fale.
Bien. El autobus esta infectao de gente, apesta, por supuesto no hay aire acondicionado y un cartón sustituye a lo que debía ser nuestra ventana. Mientras empezamos a sudar como auténticos cerdos iniciamos nuestras primeras relaciones con la gente de allí. Está claro quién es el exótico en ese autobús. Y entre la gracia que les hacemos y que la gente de allí es cantidad hospitalaria y agradable nos damos cuenta de que vamos bien, ese autobús va a Chauen. En unas 3 horas (3 horas?! pero si en el mapa está jodidamente pegao!) estaremos allí.
Bueno, el autobús se pone en movimiento. Al poco llegamos a Tetouán y hacemos una parada. El autobús se llena de niños vendiendo cosas, gente que sube, gente que baja, gente que sale a descansar... Arrancamos de nuevo y al poco llegamos a Chauen (bueno, a mí se me hizo mucho, pero porque me tiré todo el camino de pié para dejarle mi sitio a un niño que se había quedado sin asiento, en fins).
El autobús nos deja en medio de un pueblo desierto que se supone que es Chauen. La gente del autobús nos despide animadamente. Y ahora... qué?
Bien, al parecer nuestros amigos están cerca, nos dicen que cojamos un taxi y nos paremos en el momento en el que hagamos 22 km justos (?). Bien, no preguntes. Estás en otro continente y las cosas no tienen porqué ser lógicas.
Cogemos el puto taxi. Un mercedes con aproximadamente 1.500.000 kilómetros a sus espaldas. El viaje es de lo más curioso, cada 200 metros durante todo el viaje, gente del lugar nos silba desde el arcén para que paremos y probemos los productos de la tierra. Yo, miro al taxista y no, creo que es mejor que no paremos.
Por fin, tras 5 (5!) putas horas en coche para hacer unos 100km (No. No estaba tan cerca como el desorientao de mi amigo había dicho, pero entre el taxista y la gente que nos acogía se entendieron por teléfono y nos dejamos hacer) llegamos a un pequeña casita al pie de la carretera, en la montaña, en Ketama.
Nuestros amigos y la familia que les acogía se vuelca sobre nosotros. Desde ese momento y hasta que nos vamos de allí, nos cuidaran como a los suyos o más.
Como las últimas horas del viaje fueron de noche, no llegamos a percatarnos de algo. Cuando nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad exterior, vimos que todo eso que había cultivado a un lado y a otro de la carretera con ese olor tan particular no era otra cosa que... Kif. Amigos, creo que he encontrado mi hogar.
Esa misma noche vamos a la boda a la que estamos invitados. Es el primer día de los 3 que dura la fiesta y ese día sin duda, la atracción principal del evento somos nosotros. La gente no deja de observar a los 5 extraterrestres que acaban de llegar. sin embargo al poco nos acogen como a uno de ellos y nos tratan genial. De verdad.
Poco después, entre que hace un frío del cagarse y que tampoco es cuestión de que el novio pierda protagonismo (sí, hombres y mujeres permanecen separados durante la fiesta. Al menos ese día.) decidimos volver a la casa, pero resulta que un amigo de un familiar de la casa en la que estamos decide que esa noche la pasemos en su casa.
Nuestros amigos (que llevan allí 3 días) nos empiezan a poner en situación. Aquí el más tonto hace relojes y todo el mundo, todo el mundo, se dedica a lo mismo. Al cultivo del Kif.
La policía no se pasea por esa zona de Marruecos (y mira que en Marruecos ves pasma por todas partes) y esta gente suministra de hachís a media Europa. Definitivamente, he encontrado mi lugar en el mundo.
La casa a la que nos acaban de invitar es una pequeña casa, pobre, con a apenas un comedor/sala de estar y poco más. La cocina en el patio, el lavabo se resume en un agujero y un cubo de agua (y seguirá siendo así en todo marruecos), una habitación para el matrimonio y unas mantas hacen de cama en otra habitación para los críos compartiéndola con una simpática oveja. Empiezo a pensar que esta gente está loca. Ellos, pobres como ratas nos están dando todo lo que tienen. Incluso más.
Los que llevaban allí varios días me explican que el día anterior estuvieron haciendo Kif (polen de la planta apretao con el calor de la mano. Nada más) y mañana haremos una visita a los campos de kif de cerca del arroyo cercano.
Nos tomamos unos tés con nuestro anfitrión (A la mujer a penas la vemos. Tenemos que escaparnos de la vigilancia de él para charlar con ella. Llevan vidas paralelas. El tema de las mujeres en marruecos, en la parte rural al menos, merece otro post más adelante), nos hinchamos de fumar de esa maravilla que corre por la mesa y al poco, a dormir.
Por la mañana levantarse temprano (hay pocas cosas que molesten a un marroquí, muy pocas, y una de ellas es que te levantes más tarde que ellos). Yo y otro, nos apuntamos con Ijlif (?) el anfitrión a amontonar marihuana en una habitación para prensarla y secarla... Kilos, muchos kilos de esa maravilla puestos unos encima de otros.
Poco después y con un globazo encima que es difícil explicar nos disponemos a aprender como se extrae el oro verde. El polen.
Pues la verdad es que tiene poco misterio:
- Coges un plato metálico.
- Le pones un trapo fino encima (que hará de filtro) y lo atas fuerte por debajo. Que quede tenso.
- Le pones una jartá de planta desmenuzada encima.
- Lo cubres de nuevo con un plástico y lo atas por debajo también.
- Y te pones a tocar el tambor con dos ramitas.
Es curioso porque apalear el Kif siempre se hace con el mismo ritmo (que a mí me recordaba a un jaco al trote.. tacatá tacatá...). Es genial caminar por los caminos de Ketama y escuchar como de vez en cuando, de alguna casa te llega esa maravillosa melodía. Tacatá tacatá....
-Luego lo retiras todo. Apartas la planta para hacer una segunda batida más tarde.
-En el plato aparece un polvillo caqui maravilloso. Lo recoges, lo pones dentro del chivato de un paquete de tabaco, le das calor con tu mano y voilá. Ya tienes tu primera china de puro polen. ¿No es maravilloso?
Bueno, poco más os puedo explicar de Ketama, hay más cosas pero creo que esto se está extendiendo demasiado. Dejémoslo en que la gente es encantadora, agradecida, súper hospitalaria, que es genial aprender tus primeras palabras en árabe y ver cómo te lo agradecen, que uno al irse, se deja algo allí. Amigos. Muchos amigos.
Llega el día de irse.
A ver. No tenemos coche. Estamos en medio de la nada. Apenas una carretera en un valle. Pos bueno. Nos sentamos en el arcén y a parte de burros y algún coche perdido, esperamos que pase un taxi. Así sin más. Después de hablar con algún lugareño nos dice que "es probable" que pase un autobús (no. otra vez no...) para Fes. Efectivamente. Aparecido de la nada, renqueante, aparece un autobús en una curva, le hacemos parar y le decimos que vamos a Fes. Ok. Es ese.
Aún con la cara de asombro, le damos las mochilas a un señor que las pone en el techo y subimos y por unos 5 euros nos llevarán a Fes.
En el mapa está también cerca, pero en ese nuevo viaje decidí que no volvería a sacar el puto mapa de su sitio. Creo que fueron unas seis horas de autocar (puede que más) asfixiante, que olía mal, pero como uno ya sabía sus primeras palabras en árabe y que allí en Marruecos descubrí que sé hablar en francés, pues charlando con unos y otros, se hizo un poco más ameno.
Llegamos a Fes (antigua capital de Marruecos, antiquísima, desprende historia), el autobús nos deja donde nosotros creemos que puede estar el centro y ala, ni taxi ni ostias. Nos metemos por una puerta con seis millones de años que parece que se adentra en el casco antiguo. Apretad el culo que aquí vamos a flipar seguro.
Bueno, la verdad es que el lugar es increíbles, las calles, pasadizos de un laberinto parecen agruparse como antes aquí, por gremios, y en ese momento nos encontramos en el de los carpinteros. Olor a madera serrada y a estiércol de los mil burros que recorren cargados esas estrechas callejuelas.
Al poco, y después de andar un rato sin mucho rumbo, unos lugareños nos dicen donde podemos conseguir una cama para esa noche. Sin fiarnos mucho aún nos conducen a una preciosa pensión que por unos 10 euros la noche te permite dormir en un pequeño palacio. Completa. Mierda. Sin embargo te permiten dormir en la terraza por la mitad de precio. No gracias. Aún no estamos tan desesperados.
Regateamos con el taxista (ya empezamos a dominar el tema) y nos lleva a Beb Bujalud, una de las zonas más turísticas y a la vez con las pensiones baratas. Llegamos y a 10 metros del taxi ya hemos escogido habitación.
Nos da tiempo aún a perdernos en el laberíntico zoco que nace en esa puerta del barrio (Fes el Bali) y a cenar por un muy módico precio y a comer todos los platos de riesgo que nos recomendaban no probar, por lo del agua y tal. A la mañana siguiente, nuestra nueva compañera de viaje, la diarrea se presenta sin avisar. Ahí ya cayeron los primeros.
Al día siguiente, harto de ver lámparas, teteras, ropa de imitación, abandono al grupo y me aventuro en solitario por aquel maravilloso laberinto. Aquí todo el mundo habla francés y le importa una mierda si hablas algo de árabe, ellos prefieren tratarte en francés. Vale, yo ya hablo francés de puta madre desde hace 2 días.
Conozco gente muy amable (y no sólo porque te lo quieran vender todo), olores nuevos, objetos artesanos increíbles, especies de colores que jamás imaginé, alfombras hechas a mano preciosas... Y yo sin mi cámara... Después de mucho rato deambulando por ahí, fisgoneandolo todo y apreciando detalles a los que los lugareños no le dan la más mínima importancia y que hacen de aquel lugar un sitio mágico, decido volver con mis colegas, a los que dejé sin avisar y que a lo mejor me están buscando.
Lo demás se puede resumir en té, comer, dormir, espléndidas fumadas conversaciones en la terraza de la pensión con la vista de la ciudad debajo... En fin, un pequeño sueño real.
La parte final del viaje la decidimos hacer por la costa. Bordear el atlántico de nuevo en dirección tánger. El fallo de no haber bajado la furgo nos ha costado recortar días de vacaciones. Escogemos el tren. Por probar. No puede ser peor que el autobús o los taxis de 6 pasajeros más chófer.
Total en el mapa... Es igual.
Pues ala, otras 6 (8?) horas de tren y nos plantamos en Asilah. Buscamos pensión o camping. Pensiones completas. Vamos a parar a cenar y escogemos camping... En esas que por cuestiones del azar el camarero nos propone alquilarnos una casa. SU casa para ser exactos. Tiene sitio para dormir, cocina, lavabo con ducha fría, madre y dos hermanos. Por unos 25 euros dormimos los 5.
El tipo (Gaba para los amigos) es un tío encantador que tiene como compañero de habitación y amigo a un águila pescadora ni más ni menos de apenas un año.
La mujer más encantadora si cabe nos tratará como no soñamos. Nos hace desayuno e incluso una sopita para cuando llegábamos cansados de playa y calle.
Las playas. Geniales. Vírgenes. Exóticas. A ellas llegamos en carro (sí. sí. de los de un caballo y dos ruedas de coche). Creo que era de los pocos transportes que nos quedaban por probar.


- Playas exóticas. Asilah -


Nos dejaron un par de tablas de surf (por la voluntad) para que nos diéramos unos pocos barrigazos y decidir unánimemente que esas tablas estaban estropeadas o mal hechas. No había duda.


- Nuestra primera cerveza en el shiringuito surfero. La kanserperra mirando para otro lao y fumando kif -


A partir de ahí ya sólo quedaba una cosa. Cruzar la aduana con lo poco que nos quedaba por fumar y a lo que yo no pensaba renunciar. Era poco.. Dónde lo escondo. Dobles fondos, agujeros corporales, pasta de dientes.... Qué coño. En el paquete de tabaco. Con dos cojones. Lo mejor la naturalidad.
Al final, los dos picoletos aburridos apenas se fijaron en nosotros y llegué sano, salvo y con de fumar a Tarifa. A reencontrarme con mi añorada cerveza. Cómo te eché de menos cabrona.

Ya sólo nos quedaban 1000 km que nos separaban de mi vida. Mi otra vida. Esta vida.

Algo me quedó muy claro en este viaje. No hay miedo. No hay marcha atrás. No hay tiempo para sentirse solo en sitios así.

Próximo destino: Tailandia.

Más adelante lo ilustro con algunas fotos que no tengo más tiempo

3 comentarios:

Lince dijo...

maravilloso
estoy a punto de reventar de envidia.

:):):)+++

Anónimo dijo...

Qué pasada de viaje!!! Otra que se apunta al carro de la envidia, jodó. Qué weno.

(Al final, entonces, por Essaouira no pasasteis?)

-Bruja-

kancerbero dijo...

Pues la póxima vez os venís, porque total creo que en los taxis podíamos meter a 2 ó 3 más. :)

Y no, no fuimos ni a Essauira ni a las Cascadas de Ourzud y creeme que lo lamentamos. El tema de moverse en transporte público te sirve para verlo todo con más pasión, pero es como un agujero cósmico en el que las horas desaparecen como en un reloj de arena roto.

Todos los que estuvimos allí coincidimos en que había que repetir. Y el desierto... También me quedé con ganas de ver el desierto...